Migdalia Torquemada (Curly Interview 7)

Mi Mamá tiene el cabello chicharrón, bueno en verdad no sé, porque siempre se lo ha desrizado.  Nunca se lo ví natural,  desde que tengo uso de razón ella lo “liso”.

Mi Papá tenía el cabello lisito, lisito baba. Mi Mamá siempre lo tuvo malo. Mamá dice que ella se casó con mi Papá para que sus hijos NO sacaran el cabello malo. Ella siempre nos decía —No se vayan a casar con un hombre negro ni con pelo chicharrón, porque los hijos de ustedes les van a salir con el pelo chicharrón y van a pasar trabajo.  Pues, lo repetitivo se hace costumbre, y lo que se hace costumbre se hace ley. Mi esposo tiene el cabello liso, y mis hermanas se casaron todas con hombres de cabello liso.

De pequeñas le preguntábamos a mi Papá —¿por qué Papá, por qué yo no tengo el cabello como tu?— El nos decía que nosotras teníamos el cabello bellísimo. Pero mi Mamá siempre nos recordaba —Gracias a Dios que me casé con su papá que tiene le pelo liso, porque si no lo hubiesen tenido chicharrón, den gracias a Dios que lo tienen crespo.

Hay tres tipos de cabello y eso es ley: El liso, el crespo y el malo. El malo es el que llamamos chicharrón, el tipo de cabello que tienes que desrizar, un pelo que se sólo se puede usar afro.

Mi Mamá me empezó a llevar a la peluquería cuando yo tenía entre siete y ocho años. Mi cabello era lindo, tenía unos bucles sueltos, pero mi Mamá no lo veía así. Ella nos mandaba a la peluquería para que nos hicieran rollos, nos arreglaran el cabello y nos quitaron los bucles.

Desde que empezamos a ir a la peluquería, quedó eso como de costumbre. Aún con sus 78 años, mi Mamá va todos los sábados, religiosamente a la peluquería. En la casa, nos ponía los rollos, nos hacía el rollete, nos compraba baños de crema, ella era quien se encargaba de nuestro cabello.

En ese entonces no se usaba mucho lo del secador, sino que te colocabas los rollos y luego te sentaban en un secador de pie. Al secarse el cabello te lo peinaban en el rollete (la vuelta), esperabas un rato y listo, te quedaba el cabello chévere. Eso era cada 8 días. En la adolescencia, cuando empecé a ir al liceo, quería tener el cabello bonito, y pues, ya le tenía fobia a los rulos  y seguí con la rutina de la peluquería.

El problema era cuando llovía y estabas con tu novio. Eso si que era una pesadilla. A mi me paso con mi esposo, en ese entonces novio. Salimos en su moto y nos cayó un palo de agua, que no hubo manera. Yo decía dentro de mi-

—Conchale, ahora me van a descubrir mi secreto—. Porque mi cabello con el agua en seguida se enrollaba.

Y al bajar de la moto el me miró y me pregunto:

—¿Pero qué te paso en el cabello?

—Coye vale, es que ese cabello mio es así, cuando se moja se echa a perder— Le dije yo medio en broma, medio en serio.

Bueno, a pesar del cabello, así me aceptó, con mi pelo encrespado.

Aunque nunca lo desricé, mi cabello sufrió un cambio muy fuerte. Mis bucles de cuando yo tenía siete u ocho años, de cuando sólo iba de vez en cuando a la peluquería ya no son los mismos. Yo tenía bastante cabello, pero me lo empecé a pintar, a hacerme mechas, y por supuesto, a secármelo. Quisiera a veces que fuese el mismo, porque lo quiero usar rulo, se ve bonito, pero a mi no me queda igual ahora. Esa forma bonita del rulo no está, es un rulo extraño y no se ve bien.

Yo tengo secándome el cabello, seguido, desde hace 15 años. En la peluquería, porque yo no me sé secar el cabello. Tal vez ha sido mucho dinero lo gastado. Yo en este momento tengo una peluquera que tiene un precio razonable, entre 50 y 60 Bs. por secada. Si tienes que pagar casi 100 Bs. por semana, son 400 Bs. por mes, cuando un salario mínimo son 1.500 Bs., es casi 1/3 del sueldo en el cabello.  Pero afortunadamente no soy una madre soltera, tengo a mi esposo que ayuda en al casa.  Pero si yo fuese una madre soltera, no pudiese, tendría que darle todo a mi hijo y no me alcanzaría para ir a una peluquería.

Realmente ir a la peluquería es una esclavitud.  No es la idea perder tu tiempo en la peluquería, cuando puedes estar viendo tiendas, haciendo oficio, lavando, planchando, pasando tiempo con mi esposo, con mi chamos. Es cansón, es perder tiempo, porque los fines de semana hay otras actividades. Cuando uno tiene chamos , no puedes dejar ir la parque o a una fiesta por arreglarte el cabello. No es justo que dejes de llevar al niño a esos sitios, porque tienes que ir a la peluquería, porque tu no soportas verte con el cabello enrulado. No es vida. Es una rutina inmanejable. Tienes que cambiar horarios, llegas tarde, no te pueden atender, tienes que ir un domingo, no puedes dormir hasta tarde, llegas y hay una cola de personas esperando por secarse también.

Yo llegue a perder en mi vida, en serio, como alrededor de 3 años consecutivos, esperando por 4 horas al día por la misma peluquera, era una Dominicana, en verdad, peluquería donde hay una Dominicana tu estas segura que sales con tu cabello liso y bien peinado. En fin, perdía domingos enteros esperando que me atendiera, la cosa más loca del mundo. Uno de esos domingos, (mi familia siempre salía los domingos), mi esposo me llamó al celular cuando estaba en la peluquería

—Te estamos esperando para salir—

—   No, pero yo no estoy lista,  váyanse ustedes. Primer mi cabello, no , no, no.  —Respondí yo

—   ¿Pero bueno y que vas a comer?—  Me preguntó el

—   NO importa, váyanse, me estas estresando y yo tengo que “Arreglarme el cabello. “

Después de ese día, entendía que estaba exagerando.  Encontré otras peluqueras, y bueno ya no duraba tres o cuatro horas esperando, sino una o una y media.

Siento que cuando no me lo puedo secar por cualquier razón, me lo tengo que recoger. Sobre todo cuando trabajaba en la otra oficina, el cabello rulo simplemente no estaba acorde al trabajo que hacía y a la ropa que usaba. Cuando no me podía secar, usaba un moño, para que los rulos no estuviesen alborotados. En verdad, desde que trabajo, no habrán sido más de cinco veces que llegué a la oficina sin el cabello seco. En mi casa no le paro mucho al cabello, y en la playa tampoco. Igualito no le paro a eso. Pero si siento que yo no estoy presentable para ir al mi trabajo con los bucles.

En estos días la peluquera me dijo

—Que bello tienes tu cabello así—

Me echó un poco de espuma para peinar y listo, ella estaba encantada. En verdad cuando te acostumbras a tenerlo seco y liso por tantos años te sientes extraña con el cabello natural. Cuando yo tengo el cabello rulo me siento desarreglada, no me siento bien, no me siento presentable. Porque vas al trabajo y no ves ese perfil. Además, es cuestión  de tiempo arreglarlo tendría que pararme más temprano para hacer toda una rutina de cuidado.

Tal vez si mi Mamá no hubiese tenido esa presión con mi cabello, no me lo hubiese secado. Porque uno agarra costumbres de pequeño, cuestiones de crianza. Si yo pudiese retroceder el tiempo no me secaría el pelo y dejaría mis bucles naturales. Viviría con el lema de:

Así so yo y esta soy yo, y este es mi cabello y ya.

Pero ahorita ya no lo puedo, siento que a una mujer de esta edad ya no se le vé bien. Ya no soy la misma pava. Esto es lo único que este momento me impide hacerlo, la edad. Porque yo veo una muchacha con sus rulos y la veo bella. Pero una mujer de cuarenta y pico, lo siento raro.

El sábado pasado en la peluquería, estaba una muchacha con unos rulos bellos, y yo le advertí

—Oye vale no te vayas a secar el cabello,  en tal caso, hazlo una vez a la cuaresma, Porque vas a perder los rulos, y los tienes muy bonitos.

Aunque, quizá sean estupideces mías, ¿Qué importa si uno tiene 50, 60, 80 años?¿si tu quieres llevar tu cabello como sea?. Me pregunto ¿Por qué no lo hago en este momento? No tendría que ir más a la peluquería, no gastaría más dinero, tendría más tiempo para mi. ¿Por qué no? Pero no, ya estoy resignada, ya no tengo la edad para tener ese pelo alborotado.

Carina Rojas (Curly Interview #6)

Yo crecí en la Galería de Arte Nacional, mi papá era fotógrafo de la Galería, y yo, de apenas meses, pasaba todos los fines de semana allí. Crecí escuchando música, viendo arte, supongo que por eso soy así. Puedo hacerte una pieza en oro, en plata o en latón. Puedo escribir una poesía erótica o un poema a Caracas e ir declamando por las calles. Soy muchas mujeres en una. Mi cabello es parte de quien soy,  me ayuda con timidez, es como un caparazón, un escudo. Sin embargo, también soy muy sensual, y me cabello me ha ayudado a balancear ambos aspectos.

Mi Mamá tiene el cabello rulo, pero no se que tan rulo es, ella se seca el cabello desde los 12 años, su primer desriz fue a los 12 años, ya sus rulos no son naturales. Ella nunca lleva el cabello rulo al menos que estemos en la playa, a veces ni siquiera así, porque ha pasado que vamos y sólo se mete en el mar, hasta el cuello.

A nosotras nos han enseñado, desde chiquitas, que las niñas se ven más bonitas con el cabello liso, es un patrón social. Nos educan a seguir esos patrones, impresos desde hace muchos años. Lamentablemente muy pocas nos atrevemos a llevar el cabello como es. Sin embargo, mi Mamá nunca me inculcó que mi cabello era feo. Ella nunca me secó el cabello de niña, y sabía como cuidarmelo. Me hacia los bucles, me hacia colitas, me peinaba y me hacia clinejas. Ella acepto mi cabello, me educo en su cuidado y nunca fue algo negativo.

De jovén era insegura, me mantenía al margen, siempre quería pasar desapercibida. Este cabello llama mucho la atención  y a mi eso me costaba muchísimo, yo recibia un piropo y para mi era muy incomodo. Yo  usaba mi cabello rulo, pero con gelatina, aplacado y quieto. No lo tenía ni en capas, era una tela completa que caía recta. Lo mantenía al margen porque lo sentía agresivo.

Cuando yo cumplí 16 o 17 años, mi Mamá empezó a decirme que me lo secara. Para mi, esa era su forma de darme más seguridad como mujer, para ayudarme, por alguna razón ella decidió que el cabello liso era lo mejor para eso. Tampoco era algo impuesto, era algo para compartir juntas. Porque mi Mamá se iba desde las nueve de la mañana hasta las cinco de la tarde, todo el día, para la peluquería. Pasabamos todo el día juntas, arreglándonos las uñas, el cabello; era nuestro momento.

Cuando me gradue de Técnico en Publicidad, para la graduación mi Mamá me dijo: —Te vamos a secar el cabello—. Me lo corté por las mejillas y me lo sequé. Me gustó mucho como me quedaba. De ahí para adelante, fue puro cabello liso. Inmediatamente después de eso, entré al IESA para hacer una suplencia y al final quedé fija. Seguí llevando el cabello liso porque eso fue lo que veía en el sitio de trabajo.  Tenía todo un look de traje, falda y chaqueta, medias panty y tacones; el cabello rulo no iba bien con el perfil de ejecutiva, seria, con lentes y todo.

Al cabo de tres años nos dieron un taller de imagen corporativa, explicaron que la mejor imagén en una empresa era llevar el cabello liso, si no tenías liso, entonces tenías que ir a la peluquería una o dos veces a la semana a secarte el cabello, eso tenía que estar dentro de tu presupuesto. Además, si tenías el cabello rulo y no podías secartelo por cualquier razón debías recogertelo en una cebollita. En ese entonces, yo era complejada por mis orejas, no me gustaba tener el cabello recogido, así que viví secándome el cabello dos, tres o hasta cuatro veces a la semana, por nueve años.

Las mujeres que tienen el cabello más rulo que el mio siempre se lo secan. No aprenden a querer su cabello como es. Si yo quiero entrar en un círculo social y tengo el cabello rulo o tengo el cabello malo, yo pienso no me van a aceptar, entonces mejor me lo seco. Aquí (en Venezuela) la gente no tiene el cabello rulo, lo tiene malo, lo tiene chicharrón. Aquí pensamos que el cabello rulo es de “negra” y la gente para quitarse ese estigma de ser negro, de ser moreno, se seca el cabello. Es nuestra manera de ser racistas.

Mi cambio empieza con mi ida a Margarita. Dejé mi familia, dejé mi trabajo y me fui a vivir con mi novio de aquel momento. Me convertí en mujer. Dejé de ser la hija de mi Mamá y mi Papá, la nieta de mi abuelo, la chiquita de la casa, para ser LA MUJER. Dejé atrás mi perfíl de ejecutiva para andar en cholas y vestidos largos. Mi primita dice que yo soy una hippie, pero chic.

En Margarita me encontré con Carina, la artista, la del cabelo rulo alborotado, fue donde empecé a hacer danza arabe. Estaba rodeada de señoras con cabello liso y la unica que lo tenia rulo en la danza era yo. La dueña de la academia era y aún es una señora muy loca. Cada vez que yo llegaba decía: —Eso, ya llegó la de los rulos—, y me manoseaba el cabello, o también decía: —Muchacha ¿y ese cuerpazo?, ¿muchacha y ese trasero?, pero mira ese no se que—. Fui  descubriendo cosas que de repente veía pero que en verdad no las había valorado, faltó que me las dijera una mujer sin envidia, para poder entenderlas.

Luego de dos años regresé a Caracas. Mi Mamá me dijo que tenía que buscar trabajo. Para ella, tener trabajo era estar de 8 de la mañana a 5 de la tarde en una oficina. Y yo pensé: —No, me ire a destrozar las manos, pero yo no vuelvo a entrar a un trabajo de oficina, ni loca, yo estoy feliz con lo que soy, osea, para atrás no quiero ni ver—. Empecé a trabajar en un productora, el horario era flexible y podía hacer un millón de cosas.  Entré a vender en los mercados de diseño y aún estoy en esa onda. Me siento feliz ahí, esa soy yo.

Hace tres años me llamaron de una agencia de talentos, he hecho un par de cosas para unas marcas de zapatos. Después entré a dar clases en una academia de modelaje y tengo que  reflejarle a las niñas toda la seguridad del mundo aunque no necesariamente la tenga.

Cuando regresó al IESA a visitar, siempre me dicen: —Tu tenías escondida esta mujer artista dentro de ti, y te disfrazabas de oficinista.

En este momento hay una apertura para el cabello rulo, porque está saliendo niñas con el cabello rulo en la televisión, en el cine, en las propagandas, en la publicidad en general. Sin embargo, es un rulo trabajado (secado con secador y echo con la rizadora), no es un rulo natural. Yo tengo una amiga que es modelo y aunque no la llaman para publicidad de productos del cabello, la llaman muchisimo para cosas de calzado, para bancos y otros productos, ellos están usando mucho niñas de rulo.

Recuerdo un trabajo de publicidad que hice, yo llegue con mi cabello arreglado por mi misma porque no iba dejar que nunca nadie le metiera la mano a mi cabello, y menos unas personas que no saben como manejarlo. Cuando la estilista me vio, me dijo: —Bueno, a ti no hay nada que arreglarte, porque ese es tu cabello—, de una forma despectiva. —Por eso me llamaron— le dije.

Muy poca gente tiene la personalidad para llevar el cabello así. No todo el mundo se atreve, no todo el mundo es “rebelde” por llamaro de alguna manera. El día que descubrí que esto que tengo en la cabeza era un arma, fue cuando ya me asenté con mi edad, cuando me acepté, cuando descubrí que detrás del espejo había una mujer hecha y derecha que podía asumir el piropo bonito y el piropo feo, disfrutarmelo y ya; sonrerir o no sonrerir, saludar o no saludar y seguir adelante.

Hoy en día me alboroto el cabello, lo quiero más grande, y más esponjado, darle mas volumén. Me da mucha risa porque las niñas de la academia de modelaje me suelen ver maquillada, entaconada y emperifollada en las clases y de repente van a un mercado de diseño y me ven tirada en el piso, con cholas y quedan anonadadas.  Es que yo soy así, distintas personas en una.

Rita Morales (Curly Interview #5)

Yo recuerdo cuando estaba chiquita, veía los comerciales de Caprice, donde sale la Mamá peinándole  el cabello a su niña, un cabello súper lacio, súper bonito y la niña estaba encantada. Yo le decía  a mi Mamá: ―Mamá, ¿Por qué no tengo el cabello lacio como ella?―, porque yo me lo quería peinar. Ese era el problema, a mi me gustaba y me gusta peinarme el cabello, y obviamente, con cabello rulo, no te lo puedes peinar. Yo sufría cuando mi Mamá me lo peinaba en seco, me jalaba y me jalaba, ya hasta collarín tenía que usar. Siempre me peinaba una cola de caballo, porque si me lo soltaba me veía como greñuda. Yo lo que más añoraba era poder peinarme el cabello.

Cuando entré a la secundaria tenía una amiga que tenía el cabello muy chino (en México, cabello rulo) y ella me dio algunos consejos para el cuidado y el peinado, como desenredarlo mojado y aplicar un poco de acondicionador después del baño. Fue ahí cuando empecé a aplacar mi pelo. Aun así, era adolescente, me crecía muy rápido el cabello y tenía mucho, en verdad tenía una mata, yo me preguntaba de donde salía tanto pelo. Era el momento en que yo más lindo tuve el cabello, unos caideles (en México, bucles) definidos y largos, pero no lo apreciaba.

Como no tenía un cuidado adecuado, se enredaba mucho y frecuentemente lo cortaba para eliminar el daño, pero como era joven, me crecía mucho. En verdad mi cabello siempre ha sido muy noble, porque le he hecho un montón de daño y siempre se compone.

En Tabasco, la mayoría de la gente tiene antecesores Mayas y Olmecas, por lo que domina el cabello liso. Así que yo resaltaba, y siempre me chuleaban (halagaban) el pelo. De chiquita las personas me pedían que les regalara un chino, y yo respondía: ― Si quieres te lo regalo todo―. En alguna ocasión si me dijeron: ―¿Te explotó el boiler?―, pero eso eran los muchachos que les gustaba molestar en la secundaria que siempre se meten con alguien.  En general, mis amigas siempre estaban detrás de mí diciendo lo lindo que era mi pelo. Igual en mi familia, porque soy la única con pelo chino. Todo el mundo me halagaba mi pelo y yo renegaba de él, hoy me arrepiento.

No sólo eran las ganas de peinarmelo lo que me hacía detestar a mi cabello, también era el hecho de que durante mi adolescencia, la moda en México era el pelo súper liso o baba y todas las chicas en todos lados así traían el cabello, menos las patito feo de las chinas. Yo quería estar a la moda y como la moda era  traer el cabello súper liso, eso, en mi mente, eran puntos menos para mi cabello.

Yo realmente soy la mala del cuento, lo reconozco, y por eso Dios me castigo y me dejo pelona un tiempo, durante dos o tres años en la Universidad. El cabello se me empezó a caer a mechones, terminé con el cabello muy delgado, muy fino y hasta se veían los huecos; yo decía: ―Dios Mío, me estoy quedando pelona por tanto renegar de mi cabello―. Mi Mamá y mi papa siempre me decían que no debía de renegar lo que Dios me regalo, cuando me empecé a quedar pelona me regañaron : ― ¿Ya ves?, por estar despreciando un cabello tan bonito―.

Para mi fue una lección divina, entendí que tenía que aceptarme como soy y a final de cuentas, el pelo chino no se ve mal. Empecé a ver mis fotos de mas joven y mi percepción había cambiado, veía mi cabello bonito. A veces tienes que ver las cosas desde lejos, desde afuera, en fotos, desde otra perspectiva, para en verdad apreciarlas.

Paulatinamente empecé a cuidármelo más, cambie mi rutina y el cabello empezó a mejorar. No me lo jalaba, compré productos para pelo rizado, hidratantes, cambie a un mousse sin alcohol, dejé de pintármelo, ni ponerme mechas. Con el tiempo dejó de caerse tanto y se me arregló.

Ahorita si tengo otra relación con mi cabello, lo acepto y lo quiero. No lo busco tener lacio, no me lo quiero pintar, ahora busco productos para mejorar el rulo. Siento que ahora lo luzco más. Siempre que voy a salir lo uso suelto, para lucirse, es que ¿para que tenemos el cabello?, ¡si no es para lucirlo!.

Aunque mi gusto por peinarme el cabello no ha cambiado, sigue igual, por ejemplo cuando me lo plancho o aliso(que es muy de vez en cuando) siempre tengo un peine en la mano, en el carro, en oficina y estoy péineme y péineme, hasta parezco un gato acicalándome; pero eso lo hago una o dos veces al año quizás, porque siento como le duele a mi cabello estar lacio si no lo es, hasta parece que lo escucho como grita:― ¡ya, déjame en paz!―.

En conclusión, no puedes pedirle peras al olivo, si Dios te hizo china, eres china y punto; cuando te empiezas a aceptar tu, todo a tu alrededor cambia, así que, chinas, rizadas, crespas, rulas u onduladas, amen su cabello como es, sólo cuídenlo ya que es marco de la belleza en su cara.

Adriana Vargas de Blake (Curly Interview #4)

De lo que me contaba mi Mami, cuando nací, tenía el cabello liso. Como a los 2 o 3 años se empezó a rizar. Ella estaba algo desilusionada porque quería que lo tuviese liso,  me lo mantenía cortito y trataba de alisarlo para ver si a lo mejor se me quitaba. Obviamente no funcionó, hasta la última vez que me vi en el espejo aún lo tengo enrollado.

Mi Mami tiene el cabello liso, liso, liso de flecha. Yo soy la única nieta de los dos lados de mi familia (Mamá y Papá) que tiene el cabello así de enrollado. Mi Papá tiene el cabello rulo, pero es hombre, lo mantiene corto y no sufre por el. Yo le hecho broma, diciendo que está escondiendo su descendencia, la razón de donde vino mi cabello.

Entonces, nadie en mi familia sabía como cuidar el cabello rulo, obviamente yo no tenía de quién aprender. Así que habían dos opciones, o tenerlo cortito o cepillarlo seco. Lo peor de todo es que ni siquiera era cepillarlo para que se viera bonito, sino que era cepillarlo como si fuese cabello liso y acabar con una mota espantosa de pelo que iba en todas direcciones, se rompía, ¡Bla! Un desastre.

A mi no me gustaba mi pelo, primero porque a mi alrededor no tuve ese apoyo de : ¡Ay!, que pelo bonito, vamos a cuidarlo así o “asao” pues nadie tenía noción de que carrizo hacer con mi pelo; y segundo, por no saber que hacer con mi pelo, el cuidado que se le estaba dando no era el adecuado y todo el tiempo estaba feo ¿Cómo iba yo a querer mi pelo si nunca se veía bien?

Me acuerdo una vez, hubo una epidemia de piojos en el colegio, me cortaron el cabello corto, tan corto que parecía un niño. Yo lo odiaba con toda la pasión del mundo. Me acuerdo que desde ese episodio pensaba que quería tener el cabello largo para siempre. Pero entonces, cuando por fin pude tener el cabello largo, se veía espantoso porque aún no sabía como cuidarlo, usaba una cola y un cintillo siempre.

Mi pelo recibía apodos mientras crecí; los mas comunes eran “parraguera” y “mata e’ pelo”, y aun cuando eran dichos en broma (no siempre), obviamente no eran halagadores.  El único apodo simpático que recuerdo que me dio mi papa una vez fue “ricitos de oro negro”, que me pareció en cierta forma lindo y cómico (sobre todo porque oro negro = petróleo, y el es ingeniero petrolero). Yo creo que mis experiencias con el cabello se ató a mi autoestima, yo no me sentía muy confiada en mi apariencia. No me arreglaba mucho, de hecho, el inicio de mi coquetería coincidió con la época en que ya sabía que hacer con mi pelo. Fue un crecimiento de par en par, pero paulatino.

Creo que fue entre los 14 y 15 años, gracias a Dios y gracias a mi tía (la hermana de mi Mama) que logré salir de mi pelo feo. Mi primo, estaba saliendo en ese entonces con una muchacha que tenía el cabello rizado muy bonito. Mi tía le preguntó como lo cuidaba, para ayudarme a mí. Me dio toda una serie de consejos de cuidado de cabello. Fue una revelación, con el rayo de luz del cielo y los ángeles en coro y todo y decía:

Mi pelo no tenía que ser así de feo por el resto de mi vida

A partir de ahí, tuve mejor idea de que hacer con mi pelo. Al ir creciendo he conseguido mejores productos y he podido costearme mejores productos y ahora me encanta mi pelo. De hecho, ahora si me gusta tenerlo un poco más corto, ya se me pasó la obsesión de querer tenerlo largo para no verme como un varón.

He tenido gente en la calle que me para por mi pelo, que piden jugar con los bucles. Me impresionó mucho una compañera de la universidad que era de Corea. Ella nunca en su vida había visto a alguien en persona con cabello rulo como el mío. Una de las primeras cosas que me dijo cuando me conoció fue: ¡Tu pelo! ¿Es de verdad?. Ella me decía que mi cabello parecía de muñeca. Algo muy curioso es que mientras estaba en Venezuela, nadie me halagaba por el pelo sino mis ojos claros, ahora en Norteamérica la gente generalmente me halaga por el pelo y no mis ojos.  Todo es cuestión de perspectiva.

No es que todo sea perfecto, hay días en que la humedad lo vuelve loco y tenemos peleas, pero me sigue gustando mi pelo. Algunas veces voy a la peluquería y hay gente que me ofrecen alisármelo con secador, pero generalmente me niego. La última vez que me alisé el cabello con secador fue hace 5 años. Creo que mi cabello rulo va con quien soy yo. Cuando me lo alisó, y me veo en el espejo me veo muy diferente. Ya mi cabello rulo me gusta, forma parte de mi personalidad y de quien soy.

Caro Angeli (Curly Interview 3)

Hoy en día definiría mi cabello como rulo, hoy en día lo quiero. En otro momento de mi vida habría calificado mi cabello como “chicha”, fastidioso, desesperante, antes no lo entendía. Yo tenía el pelo rulito de bebe, siempre lo tenía corto,  tipo “afrito” pero muy lindo. A medida que crecí mi cabello se alisó un poco y era ondulado. Era perfecto, me lo podía peinar seco y no se abombaba en lo absoluto.

El paraíso terminó con la pubertad, empezaron a aparecer unos rulos extraños. Mi familia es de cabello liso, muy liso. No tenían idea de cómo ayudarme a arreglármelo. Era algo trágico y frustrante, en el colegio estaba rodeada de niñas con melenas largas y lisas y yo me sentía atrapada con rulos.

Mi Mamá, viendo mi desesperación, buscó como ayudarme, como a los 13 o 14 años una peluquera la convenció de que un desriz de barro sería lo mejor para mi. En verdad no me quedó mal, parecía un liso bastante natural . A los 8 meses pasó el efecto del barro, y yo estaba empeñada en que me lo volvieran a hacer, en parte porque no entendía lo que era el cabello y me había resultado bien la primera vez, y pensaba que esa era la solución. El resultado fue desastroso, mi cabello perdió el brillo, se puso seco y se empezó a caer de una forma alarmante.

A raíz de eso yo empecé a preocuparme más por mi cabello y decidí cortármelo, porque necesitaba quitar todo lo malo para que empezara a crecer sano. Ese fue el inicio de una guerra con mi peluquera de toda la vida. Yo quería buscar una identidad con mi cabello y ella se oponía. Luego de pelear, por fin me lo cortó por las mejillas, pero recto, según ella los cabellos rulo no tenían más posibilidades que cortes rectos y lo ideal era tenerlos siempre largos. El corte no fue para nada lo que había pedido.

Cualquier momento especial requería que secara mi cabello, no me gustaba mi cabello rulo, ¿Cómo me iba a gustar? Si a todo el mundo le gustaba mi cabello liso. Hoy en día aún tengo familiares que son recelosos cuando uso mi cabello al natural.

Mi aceptación de los rulos fue paulatina, en parte porque no estaba dispuesta a hacerme otro desriz, prefería verme como el Rey León que a maltratar de esa forma a  mi cabello de nuevo. Algunas vacaciones trabajaba en un campamento, allí había menos énfasis en la apariencia física y por ende en el cabello. Empecé a conocer a personas con cabello similar al mío, un amigo de la Capoeira me dio muchos tips en el cuidado del cabello, usaba cremas de peinar para el cabello rulo. En verdad vislumbré lo que era un cabello rulo sano y bonito y eso me dio esperanza.

A mi siempre me han gustado los cortes exagerados de cabello, para cambiar drásticamente como me veo.  Acababa de terminar una relación sentimental e iniciar otra, así que para mi, era el momento ideal para un corte de cabello, un poco por encima de las mejillas. Le llevé a la peluquera una foto del corte que quería , era una foto de Audrey Hepburn en la película Sabrina, de nuevo el resultado no fue lo que estaba esperando.

Hace como 2 años, empezó la moda de la Keratina (no la Keratina con formaldehído que se usa para alisar, sino un producto natural que lo que busca es hidratar el cabello). Mi hermana se la hizo y su cabello quedó fenomenal. Fui a la peluquera que lo hacía e intenté el tratamiento. Pude ver el cambió,  no sólo de usar un buen producto, sino del efecto de la mano de un buen peluquero, de alguien que sabe de cabello y que le pone amor a cuidar el tuyo.  Mi cabello empezó a crecer muy rápido, los rulos estaban largos y había recuperado el brillo.

Decidí llevarle la misma foto de Audrey y ella me explico como hacerlo funcional para mis rulitos, y además moderno/clásico, por fin me hicieron el corte que siempre había querido.

Por ahora no busco tener el cabello largo, pero a veces lo extraño, en estos momentos el cabello corto es más yo.  Ya no siento a mi cabello como un ente aparte de mí con el que tengo una relación de amor/odio, ahora mi cabello soy yo, somos una unidad.  Diría que ahora que estoy contenta con mi cabello, que ahora que estoy contenta con lo que soy, esa felicidad se irradia y la gente lo nota, y quizá lo notan como “cabello lindo”.

Angela Moreno (Curly Interview #2)

De chiquita el pelo era sólo eso, pelo. No estaba interesada en cuidármelo ni peinármelo, mi mayor interés era salir a jugar. Las otras personas fueron los que empezaron a poner énfasis en él. Para mi era algo que tenia encima de la cabeza y ya.

Mi Mamá no tenía ni idea de cómo cuidar mi cabello, me lo cepillaba seco, terminaba  como una nube sin forma.  Me habría gustado que ella hubiese tenido más interés en aprender a como cuidarlo.

Desde una edad, a uno le dicen que su pelo es “Pelo Malo” (una expresión muy venezolana), “Pelo Chicha” y un montón de sobrenombres bien creativos que te pueden aplicar en el colegio, como 220 (en referencia al voltaje que se necesita para electrocutar a una persona) o cabeza de micrófono. Así como hay prejuicios y burlas sobre clases sociales y orientación sexual, también hay bullying por imagen corporal (entre la cual se incluye el cabello). Me gustaría desmitificar la creencia de que en Venezuela no hay racismo. No hay si eres blanco y pelo liso, seria mi respuesta.

En Venezuela, el pelo perfecto se definía y aún se define en tres palabras: Largo, Liso y Rubio, esas son las tres reglas, esa es la cima de la gloria del cabello. Por ende, en mi casa, en el colegio, en todos lados me decían que tenía el cabello horrible, cuando iba a la peluquería las mujeres salían corriendo, lo único que pensaba es que no podía tener el pelo así, era imposible. Todo está en base a que te hacen sentir que tu pelo es malo, y es feo y tienes que cambiarlo, porque el pelo liso es bonito, eso es belleza, eso es normal.

Empecé a desrizármelo como a los 11 o 12 años. Me acuerdo que yo estaba muy emocionada porque por primera vez mi pelo se movía. Claro, después fue la lucha de que mi cabello fuera liso, pero liso de verdad. Pero como con esos tratamientos el cabello lo que hace es perder brillo y estar seco,  nunca se ve bien, y siempre hay que estar desrizándolo y por más que intentes siempre se va a ver mal. Yo quería que se viese natural, liso, liso de verdad, pero como nunca se veía así, era como una constante carrera de desrices, tratamientos, desrices.

Ahora me doy cuenta de lo tonto que era todo eso, te vas a desrizar el cabello que ya lo daña mucho y luego un montón de tratamientos para hidratar, proteger, recuperar. En verdad no tiene sentido, es una contradicción.

Recuerdo una vez cuando estudiaba en Estados Unidos,  venía de visita a Venezuela. Llamé a mi peluquera desde el aeropuerto de Miami para que me desrizara el pelo apenas llegara porque a mi me daba pena que me fueran a visitar mi amigos y me vieran las raíces.

El cambio fue paulatino, poco a poco me puse a pensar y me di que nunca iba a poder tener el cabello liso liso como quería.  Una gasta una millonada en productos. Regresé a mi sentimiento inicial sobre el cabello: ¡Es sólo pelo!, ¿Por qué tengo que pasarme dos, tres, cuatro horas arreglándome el pelo?,  ¿Voy a dejar de salir, de vivir, de hacer cosas por el pelo?,  ¡NO! ¿Por qué tengo que huirle a la lluvia? ¡NO! Vas a la playa y ves a todo el mundo divirtiéndose y dices yo no puedo porque se me va a dañar el pelo y se me va a ver horrible. No, no y no. No quería seguir limitada por algo tan tonto como el cabello.

Busque opciones para permitirme vivir como yo quería pero que no implicaran pasarme la 0 (aunque pensé en hacerlo). Empecé a buscar por Internet y encontré naturallycurly.com y el libro de Lorraine Massey. Fue bueno, me dí cuenta que había mucha gente que pensaba igual y que le había pasado igual que a mi. Bien por un lado y que mal por otro, ver que muchas mujeres se han limitado toda su vida por su cabello. Eso me parece que tiene que cambiar, eso no puede ser.

Pienso que yo habría sido muy diferente de haber tenido otra visión más positiva de mi cabello. Porque yo estoy 100% segura de que hubiese hecho mas cosas, eso hubiese cambiado muchísima mi experiencia de adolescente y por ende mi personalidad.

Yo pensaba que tenia el cabello horrible, pero hoy en día me doy cuenta que no,  que mi cabello tiene forma, movimiento, no es una nube. Aún estoy probando diferentes cosas, pero estoy más tranquila con mi cabello rulo. Lo conozco más, sé que le sirve y sé que no.  Nunca había visto mi cabello natural, ahora por primera vez lo estoy viendo. Todavía no lo conozco del todo, sigue siendo un enigma. Voy viendo y aprendiendo. Le pregunto a gente, leo por Internet, veo y pruebo productos y algunas veces tropiezo con algunas respuestas. Sin embargo, siempre sigo la regla de NO usar shampoo

Lo bueno de mi área de trabajo es que los artistas son los más extrovertidos en cuanto al cabello y todo eso, yo pudiera andar con un afro rosado y a nadie le importaría. Pero a mi no me gusta. Pienso que el cabello rulo es bonito pero es muy difícil de mantener. Es mucho trabajo y eso es que lo que no me gusta, me da fastidio tener que ponerle tanto esfuerzo. ¡Es pelo!. El pelo liso es como menos trabajo, no hay que hacer mucho y ya. Tengo esperanzas que una vez que sepa como manejar mi cabello, sólo haré el wash ‘n go, lavarlo y salir sin preocuparme por más nada, después de todo, es sólo pelo.

Nota

“Pasárse la 0” se refiere a pasarle el nivel más bajo de las maquinas cortadoras para el cabello, rapar el cabello.

“Bullying” en español, acoso escolar: maltrato, burlas y acoso psicológico generalmente visto a nivel de colegio.

Yo y mis rulos (Curly Girl Interview 1)

Crecí con la idea de que el cabello rulo era “malo”. En verdad no era el cabello ideal ni deseable para la Venezuela de mi época. Mi Mamá tenía el cabello igual de rulo que nosotras (somos 3 hermanas), pero nunca lo supo manejar. Así que, desde que tenía uso de razón, mi Mamá, que no tenía ni idea de como cuidar cabello rizado (el de ella era liso a fuerza de sesiones semanales de secador en la peluquería) me lo cortaba cortitito, como un niño, de esta forma era más fácil peinarlo.

Me acuerdo de jugar con mi hermana mayor a ponernos trapos de cocina en la cabeza con clips, para sentir lo que sería un cabello largo y “sedoso”. Pasé muchas frustraciones al verme al espejo y no tener ni idea de como arreglarlo. Ir al colegio era un calvario, me embadurnaba el cabello con crema para peinar “Suave” y me pasaba un cepillo fuerte, tratando de aplacar los implacables rulos que luchaban a capa y espada en volver a la vida. La primera vez que usé una cola para el cabello fue en 7mo grado, fue la gloria, yo había crecido lo suficiente como para negarme a los rutinarios cortes de cabello.

A los 12 años me hice un desriz, estaba muy contenta, en ese entonces, tener el cabello liso era mi sueño, pero era insostenible para mi tener que ir todas las semanas a la peluquería a secarme el cabello, o tener que huirle a la lluvia. Me gradué de Bachillerato aún sin la menor idea de como manejar mi cabello. En la universidad me corté el cabello a nivel de la mejilla, mejoró bastante, empecé a usar gel y los rulos mejoraron, me lavaba el cabello con shampoo cada 3 días, el resto con acondicionador, entendí que no podía peinarme después de que el cabello estuviese seco, sólo me lo desenredaba en la ducha, gasté una fotuna comprando cremas de peinar y productos para el cabello rulo, estaba determinada a encontrar la solución para mi eterno “Bad Hair Day”. Todo lo eché por la borda cuando me decoloré el cabello y me lo pinté de rosado/morado, me destruí el cabello, los rulos que habían estado mejorando quedaron chiclosos y terribles. Tengo que decir que el cabello rosado/morado liso se ve fenomenal, pero rulo, bueno, cada vez que me montaba en el bus de la universidad me cantaban una canción de Nifu-Nifa. Tarde años en que mi cabello creciera para eliminar todo rastro de la decoloración.

Hace 2 años, por casualidades de la vida, busqué tutoriales de como cuidar el cabello rulo por youtube, encontré a varías chicas que son las precursoras de la salud de mi cabello.Hoy, soy una declarada curly girl, defensora de todo lo rulo y inmensamente feliz de que mi hija tenga unos bucles bellísimos. Tengo la seguridad de que ella no va a tener que pasar lo mismo que yo.