Adriana Vargas de Blake (Curly Interview #4)

De lo que me contaba mi Mami, cuando nací, tenía el cabello liso. Como a los 2 o 3 años se empezó a rizar. Ella estaba algo desilusionada porque quería que lo tuviese liso,  me lo mantenía cortito y trataba de alisarlo para ver si a lo mejor se me quitaba. Obviamente no funcionó, hasta la última vez que me vi en el espejo aún lo tengo enrollado.

Mi Mami tiene el cabello liso, liso, liso de flecha. Yo soy la única nieta de los dos lados de mi familia (Mamá y Papá) que tiene el cabello así de enrollado. Mi Papá tiene el cabello rulo, pero es hombre, lo mantiene corto y no sufre por el. Yo le hecho broma, diciendo que está escondiendo su descendencia, la razón de donde vino mi cabello.

Entonces, nadie en mi familia sabía como cuidar el cabello rulo, obviamente yo no tenía de quién aprender. Así que habían dos opciones, o tenerlo cortito o cepillarlo seco. Lo peor de todo es que ni siquiera era cepillarlo para que se viera bonito, sino que era cepillarlo como si fuese cabello liso y acabar con una mota espantosa de pelo que iba en todas direcciones, se rompía, ¡Bla! Un desastre.

A mi no me gustaba mi pelo, primero porque a mi alrededor no tuve ese apoyo de : ¡Ay!, que pelo bonito, vamos a cuidarlo así o “asao” pues nadie tenía noción de que carrizo hacer con mi pelo; y segundo, por no saber que hacer con mi pelo, el cuidado que se le estaba dando no era el adecuado y todo el tiempo estaba feo ¿Cómo iba yo a querer mi pelo si nunca se veía bien?

Me acuerdo una vez, hubo una epidemia de piojos en el colegio, me cortaron el cabello corto, tan corto que parecía un niño. Yo lo odiaba con toda la pasión del mundo. Me acuerdo que desde ese episodio pensaba que quería tener el cabello largo para siempre. Pero entonces, cuando por fin pude tener el cabello largo, se veía espantoso porque aún no sabía como cuidarlo, usaba una cola y un cintillo siempre.

Mi pelo recibía apodos mientras crecí; los mas comunes eran “parraguera” y “mata e’ pelo”, y aun cuando eran dichos en broma (no siempre), obviamente no eran halagadores.  El único apodo simpático que recuerdo que me dio mi papa una vez fue “ricitos de oro negro”, que me pareció en cierta forma lindo y cómico (sobre todo porque oro negro = petróleo, y el es ingeniero petrolero). Yo creo que mis experiencias con el cabello se ató a mi autoestima, yo no me sentía muy confiada en mi apariencia. No me arreglaba mucho, de hecho, el inicio de mi coquetería coincidió con la época en que ya sabía que hacer con mi pelo. Fue un crecimiento de par en par, pero paulatino.

Creo que fue entre los 14 y 15 años, gracias a Dios y gracias a mi tía (la hermana de mi Mama) que logré salir de mi pelo feo. Mi primo, estaba saliendo en ese entonces con una muchacha que tenía el cabello rizado muy bonito. Mi tía le preguntó como lo cuidaba, para ayudarme a mí. Me dio toda una serie de consejos de cuidado de cabello. Fue una revelación, con el rayo de luz del cielo y los ángeles en coro y todo y decía:

Mi pelo no tenía que ser así de feo por el resto de mi vida

A partir de ahí, tuve mejor idea de que hacer con mi pelo. Al ir creciendo he conseguido mejores productos y he podido costearme mejores productos y ahora me encanta mi pelo. De hecho, ahora si me gusta tenerlo un poco más corto, ya se me pasó la obsesión de querer tenerlo largo para no verme como un varón.

He tenido gente en la calle que me para por mi pelo, que piden jugar con los bucles. Me impresionó mucho una compañera de la universidad que era de Corea. Ella nunca en su vida había visto a alguien en persona con cabello rulo como el mío. Una de las primeras cosas que me dijo cuando me conoció fue: ¡Tu pelo! ¿Es de verdad?. Ella me decía que mi cabello parecía de muñeca. Algo muy curioso es que mientras estaba en Venezuela, nadie me halagaba por el pelo sino mis ojos claros, ahora en Norteamérica la gente generalmente me halaga por el pelo y no mis ojos.  Todo es cuestión de perspectiva.

No es que todo sea perfecto, hay días en que la humedad lo vuelve loco y tenemos peleas, pero me sigue gustando mi pelo. Algunas veces voy a la peluquería y hay gente que me ofrecen alisármelo con secador, pero generalmente me niego. La última vez que me alisé el cabello con secador fue hace 5 años. Creo que mi cabello rulo va con quien soy yo. Cuando me lo alisó, y me veo en el espejo me veo muy diferente. Ya mi cabello rulo me gusta, forma parte de mi personalidad y de quien soy.

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